Lunes, 29 de abril de 2013

Por Rodrigo Quijano

Entre las muchas cosas buenas y malas que han dejado estas dos ferias de arte que acaban de terminar en Lima y que confieso que visité mal y a veces nulamente, creo que está el haber hecho claro el carácter desesperadamente lucrativo que parece definir la escena artística local.

Y digo parece debido a que no creo que la defina de modo absoluto (pues están las excepciones), pero que sin duda la condiciona de manera extrema al haberse extinguido casi cualquier margen de maniobra independiente del lucro. En una sociedad en que la sindicalización y gremialización se encuentran de facto bajo persecución (vg. Topitop y sus dirigentes encarcelados arbitrariamente) y en que el consumismo y el endeudamiento parecen ser la única forma de expresión ciudadana válida a los ojos del consenso de Lima, nada de esto debería ser una sorpresa.

Que el espacio de un cuartel y de un museo hayan cedido sus para nada sagrados recintos al mercado puro y duro del arte y sus finanzas en directa competencia, sólo viene a confirmar la manera en que la realidad y la creación artística local vienen siendo administradas casi por completo según el criterio unívoco y autoritario del mercado. Y que todo aquello que no responda a sus intereses es y será censurado, obliterado o sencillamente marginado desde (la) entrada. Pues esto que funciona como condicionamiento del campo artístico y cultural local es en realidad parte del mismo proceso de re elitización, de reoligarquización y de control sobre lo público que se consolida desde hace más de dos décadas entre nosotros. En todos y cada uno de los comentarios que he leído sobre las ferias extraño a alguien que cite mínimamente el nocivo control del lucro y su consenso unívoco sobre nosotros, sobre nuestra vida diaria y sobre la vida en general.

Pero ahora que queda claro para cada vez más y más personas, artistas o no, que pedirle a los intereses privados que defiendan y se ocupen del bien común y colectivo es inconducente y estéril, quizás sea hora de replantear masivamente las cosas, abrir los espacios aunque mínimos o minoritarios de creación y crítica independiente, gremial (si es que se puede imaginar tal osadía en un ejercicio tan individualista e individual como el que ahora campea en la producción artística local) o no, pero al menos consciente de cuáles son las condiciones en las que estamos encerrados tratando de contradecir o al menos trabajar en los intersticios del consenso de Lima. Nada de esto vendrá del o de los mercados, aunque (a falta de otra cosa) uno tenga que vender su fuerza de trabajo y creación para sobrevivir como cualquier hijo de vecino.

Por eso cualquier esfuerzo en romper la idea unívoca del lucro y combatirlo será bienvenida y vendrá a refrescar las calles del barrio y la ciudad, y quizás nos devuelva esa ciudadanía que ha sido secuestrada desde hace tanto tiempo y por tan poco. Nuevamente: Entre lo bueno y lo malo de estas dobles ferias, quizás también esté duplicada, pues, como en un espejo, la desilusión y la resaca que deja el espectáculo cuando ha concluido, pero también la claridad de ver emerger amarga o alegremente -lo mismo da- las grietas de la realidad desnuda. A quien pueda interesarle, claro está.

Fuente: Facebook 


Domingo, 07 de abril de 2013

Carta abierta del artista plástico Angel Valdez

CARTA ABIERTA A LOS ORGANIZADORES DE ART – LIMA

En menos de un mes abrirán en simultáneo dos ferias internacionales de arte en Lima cuando una sería más que suficiente.
Los primeros eventos de esta naturaleza en nuestro aún desamparado mercado artístico.

ART Lima, una de ellas, se llevará a cabo en la Escuela de Guerra del Ejército Peruano. Al parecer nadie se ha sorprendido con esta elección, inclusive los organizadores apuestan por esta sede con singular entusiasmo. Sorprende que entre los miembros del comité organizador los más cercanos al quehacer artístico, Christian Bendayán (Premio Nacional de Cultura) y Jorge Villacorta (uno de los curadores más influyentes del medio esta última década), no hayan advertido las implicancias simbólicas que supone la elección de este edificio.

En la fachada de esta Escuela había una inscripción que por manida suena a parodia: Las ideas se exponen, no se imponen. Lo cierto es que en estas aulas estudiaron los oficiales que firmaron el acta de sujeción al capitán Vladimiro Montesinos. Por allí pasaron los generales que planearon las estrategias del Falso Paquisha durante el conflicto con el Ecuador. Es muy probable que el Manual de Lucha Antisubversiva, con el que se asesinó a gente inocente, fue un documento de consulta obligatoria de la Escuela durante la guerra interna. Probablemente los últimos golpes de estado se cocinaron aquí y en el Pentagonito.

Hoy los oficiales del ejercito aplican torturas a los novatos y los quieren como carne de cañón en el VRAE al reimplantar el servicio militar obligatorio(¡?) para abandonarlos luego a su suerte. Mientras los altos mandos se benefician con partidas excepcionales o comisiones bajo la mesa por compras de pertrechos y alimentos que no llegarán a destino. Sin olvidar la intolerancia institucional hacia opciones de vida contrarias a su moral.

No tengo la menor duda que ante una imagen que cuestione el nefasto papel del ejercito peruano en nuestra historia los oficiales de la Escuela de Guerra no dudaran en aplicar la censura. Recordemos el caso de Piero Quijano en la Casa Mariategui. Cito la infeliz frase de nuestro presidente: El soldado del ejercito está más allá del bien y del mal. Ante estos antecedentes ¿como es posible que C. Bendayán y J. Villacorta obvien por completo la carga simbólica de este inmueble?

Entiendo el carácter oportunista del mercado de arte. Puedo comprender que los galeristas piensen en cualquier plaza como una oportunidad para sus negocios. Lo que si no alcanza mi entendimiento es como dos agentes culturales tan emblemáticos convaliden con necedad este recinto con argumentos tan fatuos como sus bondades arquitectónicas.

Pero necios también otros tantos operadores mediáticos o curadores más jóvenes al no percatarse de tamaño despropósito. Me pregunto que sucedería si algo así pasara en Argentina o Chile. ¿Habría un rechazo cívico o se asumiría con trivialidad tal como está ocurriendo en Lima?

Es por estas razones que me permito un llamado a los artistas y el público en general a NO ASISTIR, NO PARTICIPAR y NO OLVIDAR.

ART- Lima erró al seleccionar su sede. Los artistas no debemos seguirlos en su yerro. El ejercito nos debe disculpas a la sociedad civil. Mientras no reconozca sus excesos no será posible una enmienda institucional.

EL ARTE NO DEBE LAVARLE LA CARA A UN EJERCITO ABUSIVO E INCOMPETENTE.

Ángel Valdez. Artista. 


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