Mi?rcoles, 23 de noviembre de 2011

Por Yuri Gutierrez

Jugar es peligroso para el poder. Jugar es decir que todos somos iguales y que debemos participar bajo las mismas reglas, no en busca de poder o dinero sino por el acto mismo de jugar, por el placer de jugar. Jugar es peligroso para todo poder, por cuanto lo cuestiona y derriba sin violentar las reglas del juego.  ¿Pero cómo liberar al juego del control que el mercantilismo y las mafias del poder ejercen sobre él? Reinventando el objeto del juego: el juguete.

Y si lo pensamos un poco notaremos que cada juguete conocido tiene una profunda relación con el momento histórico en que aparece. Por ejemplo: La pelota. Se dice que los mayas o los otros antes... pero vamos, hablamos de la pelota tal y como la conocemos y usamos. Es interesante que su aparición esté no solo definida por la tecnología que la originó sino al contexto social de ese momento. El siglo XIX, el siglo de la consolidación de las grandes naciones pero también el siglo de la aparición de los grandes ideales colectivos, de la revalorización del trabajo en equipo, y también de la dicotomía  con que el racionalismo de ese tiempo divide al mundo y que tan intensamente vivimos en un partido de fulbito. Además es el siglo de la física newtoniana, del uso de la gravedad y  las nuevas leyes dinámicas, en fin, de todo lo que usamos sin saber para ganar un partido. Otro ejemplo más simple? Ya, los griegos... estos señores inventaron los juegos olímpicos para cesar de matarse neciamente entre ellos.

Pienso que todavía tenemos algunas cosas que aprender de ellos.

Hoy, las luchas que tenemos que librar son un poco distintas pero no menos violentas que las de antes. Pero convencidos de que la violencia no es el camino, sino el verdadero enemigo... ¿qué es lo que podemos hacer para luchar limpiamente? Jugar. Pero un momento, no estamos en Grecia, estamos en el Perú, año 2011 DC. No lo olvidemos, para el juego cada detalle es relevante y por ningún motivo el juego es un escape o huída de nuestra realidad como el poder tan convenientemente nos quiere hacer creer. Todo lo contrario, el juego es la representación de los más intensos conflictos de nuestra realidad, sean personales o colectivos estos. Sino los Griegos no hubieran dejado de matarse entre ellos o el mundo no seria hoy redondo como una pelota.

En el año 2000, los peruanos lavamos nuestras banderas y barrimos un poco la basura. Se llegó a embolsar bastante basura oye, pero creo que no se llegó a desratizar. No, definitivamente no se llegó. Y lo que pasó fue que el año 2011 teníamos la casa casi tomada. Incluso aparecieron unas ratazas sin cola que se hacían pasar por cuyes y casi, casi nos la hacen, oye. Ahora da risa, pero en su momento había que jugársela. Es en este contexto que surgen los muñecos Fujivladi Vudú, una ingeniosa versión de los clásicos muñecos anti estrés o los consabidos monigotes y piñatas tradicionales pero en versión Gore, acorde con nuestra clase política actual. ¿Entonces cuál es el problema? ¿Violentístas? ¿Difamatorios? ¿Proterroristas? ¿Satánicos?

¿Qué les asusta? ¿Qué les indigna? El juguete o lo que el juguete representa. De un político,  inclinado al pensamiento mágico y a la superchería, no esperaríamos otra cosa, por favor. Pero de los medios de comunicación, valiosas instituciones, quienes justamente están ahí para resguardar nuestros derechos a la libre expresión y a la crítica, vueltos contra sus propios principios, azuzan los miedos atávicos de la gente, y eso sí nos parece insólito y muy alarmante. Y lo más grave es que esto no es un caso aislado. El reciente caso en que otro medio acusó a varios ciudadanos de recibir pagos indebidos para  hacer hashtags posicionando a #noakeiko y otros espacios incómodos, en base a un falso video donde se publican sus nombres y domicilios violando sus derechos básicos de privacidad sólo por ser críticos al poder, resulta ya inaceptable.

Es hora de que algunos medios entiendan que no pueden hacer lo que les da la gana. Que ellos no son la medida de la verdad. Que su candidata Keiko Fujimori no ha ganado y que por tanto este país es todavía una democracia, jodida democracia, traicionada democracia.  Y a los que nos costó recuperarla, no vamos a permitir que se la desacredite y manche nuevamente para que así en 5 o 10 años ustedes y sus zombis pidan dictadura otra vez. Conocemos su juego. ¿Ustedes conocen el nuestro?


Tags: Fujivladi Vudu, Vudus, Fujimori, Delitos Lesa Humanidad, Corrupcion, Politicos, Vudus politicos

Domingo, 13 de noviembre de 2011

Por José Ragas

La aparición de muñecos “vudú” con los rostros de reconocidos políticos habría provocado el enojo y consiguiente indignación del diario Correo, quien se refiere a estos objetos como “insultantes” y de mal gusto”. El objetivo de estos muñecos, según sus creadores, no puede ser más explícito:

“Objeto político-educativo antiestrés con carácter de ‘¡Toma mierda por lo que me has hecho!’. El objetivo ritual de este acto consiste en concentrar toda la energía acumulada durante todos estos años de sufrimiento, robo, corrupción, narcotráfico, homicidios, pendejada, tráfico de armas, empobrecimiento sistemático, chuponeo, sinvergüencería y demás faenones del caso, y en ejercer la justicia negada clavando alfiler por alfiler en el cuerpo de cada uno de estos miserables”.

En realidad, estos muñecos son solo parte de una larga línea de prácticas y estrategias de la población para protestar contra sus autoridades. Las manifestaciones y protestas ofrecen un rico archivo cultural de estas prácticas, al igual que otros elementos, como las caricaturas, las imitaciones, los chistes que circulan en diversos espacios, desde programas de entretenimiento hasta el humor callejero. Lamentablemente, muy pocas veces estamos dispuestos a apreciarlos y preferimos juzgar una marcha o movilización por la violencia que desata o establecer si los objetivos se cumplieron o no.

Precisamente, creo que un momento importante fue la movilización que se desarrolló contra el fujimorismo a fines de la década de 1990 y que congregó a una sociedad civil más activa y variada. Estas protestas apelaron principalmente al aspecto performativo que a la confrontación, aunque sí hubo también enfrentamientos con las fuerzas del orden. Así, desde los lavados de bandera hasta la Marcha de los Cuatro Suyos, hemos asistido al despliegue de una serie de manifestaciones que pocas veces han quedado registradas y que permiten entender la transformación de la cultura política nacional.

Quizás uno de los elementos evidentes de estas protestas fue la aparición de muñecos con los rostros de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, entre otros, algunos de ellos con trajes a rayas o en jaulas que simulaban ser prisiones. Un segundo momento ocurrió en años más recientes cuando aparecieron piñatas en el gobierno de Alejandro Toledo y continuó en el de Alan García, especialmente con personajes asociados con corrupción. Ya desde mediados del siglo XIX podemos percibir una rica cultura política que se traduce en este tipo de prácticas y representaciones, especialmente en las elecciones que congregaron a sectores populares. Ahí es posible encontrar desfiles con imágenes de los candidatos, símbolos y una serie de elementos que apenas son reconocibles ciento cincuenta años después.

Si en algo coinciden quienes han estudiado estas prácticas colectivas y los rituales que se desarrollaron en torno a efigies de políticos y autoridades es que se trata de válvulas de escape, que en cierta forma contuvieron formas de protesta más abiertas y violentas. De hecho, en algunos casos se trata de prácticas rituales, como quemar estas efigies en Año Nuevo de la misma forma que se hacía lo propio en festividades previamente establecidas en otras partes del mundo (ver video).

Como decíamos al inicio, estos muñecos vudú no son más que una forma en la cual las personas expresan su descontento. Para usar palabras de James C. Scott, se trata de las “armas” que los “débiles” tienen a su alcance para expresar y procesar su descontento contra quienes están en el poder. Pero también ocurre que quienes están en el poder suelen apropiarse de estas prácticas y dirigirlas hacia sus propios adversarios, como ha ocurrido hoy con las declaraciones de Kenji Fujimori, para quien: “Chehade se convertiría en el muñeco de Año Nuevo más vendido”.

La mera existencia de estos muñecos así como la selección de personajes y la reacción de cierta prensa nos dice mucho sobre la forma en la que la población entiende el poder y establece responsabilidades cuando el sistema judicial o político no lo hace. No es casual que Luis Giampietri, Rafael Rey, Luis Castañeda, aparezcan relacionados con la práctica del vudú. Después de todo, son muertos en vida.

Fuente: Historia Global Online


Tags: Vudus, Politica, Fujivladi Vudus, Justicia Simbolica, Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, Aldo Mariategui